Párrafos
del artículo, titulado "Arte y fe en amistoso diálogo", firmado
por el Sr. Obispo de Astorga, D. Camilo Lorenzo Iglesias
(Diario
de León-Suplemento cultural)
<<...
Por ser la Catedral de Astorga la sede de la próxima exposición, una buena
parte de las piezas que podrán contemplarse en las diversas estancias son de
nuestra propia Diócesis. Y por coincidir este acontecimiento con el Gran
Jubileo del año 2000, todos los diocesanos estáis especialmente invitados a
visitarla en los días que os han sido designados, al tiempo que realizáis la
peregrinación a la iglesia de Santa Marta, templo designado por mí para
todos los fieles de la Diócesis de Astorga, en orden a recibir la
"singular gracia jubilar" ...
... En la visita a la exposición algunos de nuestros diocesanos podrán contemplar, debidamente restauradas, piezas que se vienen conservando en sus templos parroquiales. Estoy seguro que les producirán una inmensa alegría no haber puesto resistencia a su traslado hasta la Catedral, porque las van a recuperar ennoblecidas y podrán sentir la satisfacción de haberlas ofrecido a la contemplación y disfrute de todos los visitantes ...>>
ENCRUCIJADAS.
DE LOS DIOSES, DE LOS CAMINOS Y DEL HOMBRE.
CIERTAMENTE, “ASTÚRICA” HA SIDO CIUDAD DE TRÁNSITO, ENCLAVE DE CULTURAS, LUGAR DE MESTIZAJE. ESTE ES EL RELATO ARTÍSTICO QUE LAS EDADES DEL HOMBRE SURCARÁ EN SU AVENTURA DE ASTORGA. ESTA EDICION DEPARA ALGUNOS ENIGMAS Y MUCHAS SORPRESAS AL VISITANTE.
A José
Velicia le gustaban las historias. Quería mostrar el importante patrimonio de
Castilla y León no como una mera “colección” de piezas de arte, sino que
esas mismas obras hablaran, contasen un relato. Porque el arte nunca puede ser
silencio, sino palabra. El promotor y primer comisario de Las Edades del
Hombre solía recurrir a los Cuentos de
Hasidin para explicar el viaje que ha de emprender quien se adentre en
estas exposiciones. “Pidieron una vez a un rabino, cuyo abuelo había sido
discípulo de Baalschem, que contase una historia...”
-
Una
historia –dijo
él- debe contarse de tal modo que ella
misma preste remedio. Y contó
lo siguiente: “Mi abuelo era paralítico. Una vez le pidieron que relatase
una historia de su maestro. Entonces contó cómo el santo Baalschem solía
saltar y danzar durante la oración. Mi abuelo se puso en pie y continuó su
relato, y el relato le arrebató de tal manera que se vio obligado a mostrar,
saltando y danzando, como lo había hecho su maestro. Desde aquella hora, quedó
curado. Así deben contarse las historias”.
Y
para contar la historia del magnífico patrimonio de Castilla León, escogió
Velicia como espacio el de las catedrales, para devolver los iconos al lugar
donde habían nacido y desde donde podían hablar.
Nuevamente la exposición de Astorga, como las precedentes, es un viaje
espiritual por el tiempo e inevitablemente –de ahí el nombre de Las Edades
del Hombre- es el hombre el verdadero protagonista de la historia. El
visitante tendrá que transformarse por unas horas en peregrino, para caminar
por “Las Encrucijadas” que
encierra la Catedral de Astorga. Y el título, -en plural- ya advierte que su
viaje discurrirá por varios itinerarios, en ocasiones paralelos: la
encrucijada de los dioses, la encrucijada de los caminos y la encrucijada del
hombre.
El
primer capítulo recorre los inicios del cristianismo. Cronológicamente nos
situamos en el año cero. “Aquí podemos reconocer la encrucijada en la que
las gentes van abandonando paulatinamente a los dioses antiguos para comenzar
a creer en un Dios único”. Esta encrucijada recorre cuatro estancias: Dioses
de los elementos (que hablan de divinidades locales y romanas, griegas y
orientales), Un dios para un pueblo
( el Yahvé del Antiguo Testamento), Hombre
entre los hombres (Jesucristo hecho hombre y En
el nombre del Hijo (el comienzo de los 2.000 añosde historia cristiana).
En
el segundo capítulo, “Encrucijada de los caminos”, la geografía se funde
con los acontecimientos y con la cultura. Un salto en el tiempo de mil años
transporta al visitante a la primitiva Astúrica Augusta (Astorga). La ciudad,
desde su fundación, estará expuesta a la vorágine de los conquistadores.
Primero serían los romanos Los caminos
del Imperio; después, las turbas cristianas que huían de la dominación
árabe El sueño de los mozárabes
; luego, la lucha contra el yugo árabe y la reconquista Nace
España; y, finalmente, el “éxodo” contínuo de gentes llegadas de
toda Europa hacia Santiago de Compostela El
Camino Francés. La vieja Astúrica ha sido, antes que nada, lugar de tránsito,
tierre de mestizaje, principio y fin de rutas y calzadas.
La
Catedral de Astorga es un lugar cargado de historias si se sabe escuchar
atentamente las leyendas que encierran sus obras.
La
tercera encrucijada es la nuestra, de ahí que se haya titulado “La
Encrucijada del Hombre”, y se sitúa en este mágico año 2.000. No hay un
relato unitario que hable de nosotros y nos aporte el sentido de nuestro
existir. “Todos los relatos humanistas se han venido abajo, y muestra de
ello fue la caída del muro de Berlín. Así, huérfanos de relatos e ideologías,
se mantiene en pie, sin embargo, el relato de Belén, un niño del que se dice
ser hijo de Dios y que, para muchos, es por eso camino de relación con el
Misterio y, para otros, modelo de entender la humanidad”. De cualquier
forma, este año es también el del 2.000 cumpleaños de Jesús. La
encrucijada del hombre transcurre a través de cuatro etapas: Tiempos
fuertes (del gótico y final de la Edad Media), Tiempos
de Mudanza (El Renacimiento), Tiempos
de crisis (El Barroco) y Tiempo de
esperanza (justo nuestro momento). No es sólo un repaso histórico y artístico,
sino que la “Encrucijada del hombre” es la historia de una búsqueda, el
enfrentamiento del hombre ante las grandes preguntas –quienes somos y cual
es nuestro destino-. El retablo mayor de la Catedral de Astorga, recién
restaurado y, sin duda, la auténtica “joya” de la exposición, “será
una muestra, incluso hablante, de este sobrevivir del relato cristiano”. Los
personajes del retablo “conversarán” unos con otros, ante el atónito
espectador. “El rostro del Salvador”, obra de El Greco, que despedirá a
los visitantes, será un guiño de esperanza para un “peregrino” que, tras
adentrarse en la exposición, habrá escuchado un apasionante relato –el de
los hombres que habitaron estas tierras y
le precedieron-, tal y como habría deseado el propio José Velicia.
La
Catedral de Astorga es un lugar cargado de historias si se sabe escuchar
atentamente. Obras que –como en las exposiciones anteriores- ocultan un
complejo montaje arquitectónico, para conseguir que, realmente, el visitante
pueda avanzar por el tiempo en el que se desarrollan las historias contenidas
en “Encrucijadas”.
Decenas
de piezas encierran leyendas fascinantes. Algunas jamás habían sido
expuestas antes y, acaso, no volverán a serlo cuando retornen al lugar del
que salieron. Hubo previamente una labor de búsqueda. Meses antes de concluir
la exposición “Memorias y esplendores” de Palencia, el actual comisario
de Las Edades, Antonio Meléndez, ya había peinado la diócesis de Astorga,
pueblo a pueblo. Primero, un viaje de reconocimiento. Después, una visita por
cada parroquia. Junto a Meléndez, un equipo de expertos recorrieron cientos
de iglesias, también de Orense y Zamora –ya que la diócesis se extiende
también a parte de estas provincias-. Los técnicos tuvieron que documentar e
inventariar las piezas seleccionadas inicialmente y repasar miles de fotografías
y documentos. Al principio, sólo había una idea clara: la coincidencia del año
2.000 con el aniversario del nacimiento de Cristo obligaba a dedicar la
exposición de Astorga a Jesús. También desde que comenzaron los
preparativos de “Encrucijadas” los organizadores tuvieron claro que una de
las piezas fundamentales de la muestra sería el retablo mayor, cuya limpieza
y restauración permitirán al público contemplar con todo el esplendor la
obra concebida por el genial Gaspar Becerra.
En
1.992, cuando estaban a punto de clausurarse las Edades del Hombre de León,
el entonces comisario de la exposición, José Velicia, confesaba, después de
muchas dudas, que si se viera en el trance de elegir una pieza, sin duda,
salvaría el antifonario mozárabe de la Catedral. Meléndez también llegó a
desvelar en Palencia su pasión por tres cristos, uno románico, otro de Juan
de Juni y un tercero obra de Gregorio Fernández. Hace sólo unos días, sin
quitar misterio a la muestra, Meléndez no
pudo contener su admiración por el Cristo de Gregorio Fernández, procedente
del monasterio de las Benedictinas de San Miguel de las Dueñas.
Sin
embargo, el auténtico “tesoro” de Las Edades del Hombre no está en
niguna pieza, ni siquiera en el conjunto de todas las obras, sino en el espíritu,
en la idea que concibiera un día José Velicia cuando, casualmente, se dirigía
a Barcelona para visitar la exposición “Tesauros”, de arte religioso.
(Puedes
visitar el sitio de Internet http://www.lasedades.es
para ver algo de las anteriores , ya que ésta exposición aún no figura).